Es probable que el reconocimiento de la dificultad para lograr que el tratamiento sea un
hábito de vida no resulte suficiente para hallar los medios que aseguren el cumplimiento diario de
las acciones terapéuticas.
Los afectados, sus familias, los seres más próximos y el equipo de salud tratante, son todos
protagonistas. También participan los distintos ámbitos institucionales en los que habitualmente
transcurre la vida, tales como la escuela, las instituciones de salud y de seguridad social, los lugares
de esparcimiento y recreación y los grupos de pares, o sea la sociedad misma.
Las siguientes son algunas propuestas que aportan a la construcción gradual de condiciones
favorecedoras, que si se producen en forma simultánea es probable que los efectos se multipliquen:
• Promover una alianza entre la familia y el equipo tratante fundada en la confianza, para
trabajar en actitud cooperativa. Se requiere comunicación frecuente entre la familia y el
equipo, en condiciones favorables para asegurar fluidez, veracidad y contención.
• Conocer la razón y el efecto de las indicaciones y los beneficios de una buena adherencia.
• Obtener información adecuada, adaptada y seleccionada en forma individual de acuerdo a
los momentos y situaciones de cada familia, con la posibilidad de reiterar el mensaje las veces
que sea necesario. Debe incluirse asesoramiento genético y planificación familiar.
• Reconocer y estimular esfuerzos. Aún cuando no se logren los niveles óptimos de
cumplimiento, los afectados y sus padres se fortalecen y recuperan energías para las acciones
diarias cuando sienten una valoración de sus intentos.
• Disponer de voluntad, tiempo y esfuerzo para colaborar y motivar en todas aquellas
acciones que estimulen al afectado.
• Favorecer que la acción adquiera significado en costos y beneficios para quien la realice.
El equipo de salud es consciente de las enormes dificultades que debe atravesar una familia en
la que a uno de sus miembros se le ha diagnosticado FQ, y del esfuerzo que significa cumplir
diariamente con el tratamiento. También tiene la información médica actualizada y la evidencia
que en aquellos afectados que tienen acceso al tratamiento en condiciones adecuadas, la evolución
de la enfermedad mejora y como hemos mencionado, la expectativa de vida se acerca cada día más
a la de una persona no afectada.
Es entonces indispensable constituir una alianza, equipo de salud-familia-paciente,
estableciendo estrategias terapéuticas acordes a las necesidades. Según la evolución individual y
considerando siempre la calidad de vida y posibilidades de cada niño, joven o adulto afectado. |